Una de las primeras cosas que hicimos en Vrindavan, India, fue adecuarnos al Indian style, ya que de por si, los occidentales llamamos mucho la atención, y sobretodo las mujeres. Realmente no es recomendable vestirse mostrando las piernas, ni con top o remeras ajustadas. Yo salí en pijamas  y con 2 remeras superpuestas para tratar de pasar desapercibida hasta comprar algo de ropa.

Ni bien pisamos la avenida principal, había unos niños en la calle, realmente en situación delicada. Eran 3 niñitos de entre 6 y 10 años. Nos pidieron plata y nos siguieron 1 cuadra.  Se avalanzaron a Juli, lo agarraron del brazo, lo tironearon, y se colgaron de sus piernas. Una situación bastante incómoda y triste, no sabíamos qué hacer!.
Al llegar adonde estaban los bazares, alguien salió con un paraguas (sí!) y los empezó a espantar y pegar para que no molesten, como si fueran animales. Fuerte. Nos quedamos boquiabiertos, pero esa situación parecía normal o cotidiana para ellos. Pasamos un mal momento y fue shokeante, porque recién pisábamos las calles de Vrindavan.

Luego del mal trago, había que seguir. Respiramos y empezamos a comprender cómo eran las cosas, más de cerca. Aunque no se puede ser indiferente ante tal situación.

En fin, en los bazares encontramos ropa y accesorios: pantalones, camisas , vestidos, saris, túnicas largas, bolsos, carteras, chalecos, etc.. Los precios son baratos, en relación calidad-precio. Por supuesto la ropa más delicada, como algunos bordados o agregados de canutillos, están a precio regular, pero sigue siendo accesible. 

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