Debo reconocer que todo fue pausado, pero vertiginoso e inquietante. Uno piensa en India, piensa en templos, piensa en pobreza, piensa en Dios, piensa en colores, formas, gente distinta, tradiciones, animales, espiritualidad, nuevas culturas, rituales, y sin duda, hay de todo esto y más, pero estar ahí , viviéndolo…es otra historia, es más intenso de lo que podíamos imaginar. Es tan distinto todo, que lleva un tiempo procesar lo que la vista ve, lo que escuchamos, lo que sentimos, lo que comemos, lo que olemos, lo que razonamos. Los sentidos están en estado alerta –es fabuloso-todo nos llama la atención y particularmente a mí, algunas situaciones me perturban un poco. Sin darnos cuenta, el desafío es estar aprendiendo de todo y las fibras están en modo on, continuamente recibiendo.

templo iskcon

Cuando salimos del refugio de la habitación, bastante confortable y espaciosa, en el Templo de Iskcon (digo refugio porque nos llevó unas horas acostumbrarnos a caminar por el lugar), en donde tenemos las computadoras y el contacto que permite la internet, enseguida se nos acercaron personas interesadas en saber quiénes eramos, qué hacíamos en el templo hare krishna, y en hacernos sentir bienvenidos, contarnos sus experiencias y darnos una mano para poder hacer las entrevistas para nuestra serie: Asia, una realidad.

La realidad fue que antes de venir no teníamos idea de nada, ni siquiera teníamos expectativas acerca del lugar, nunca habíamos tenido contacto con nadie que sea hare krishna, sólo nuestra amiga de Miami, Kanak, quien fue además, de alguna manera, la persona que nos impulsó a tomar la decisión de que sea India nuestro primer destino de esta etapa.
Muchas veces había visto, a la distancia, un grupo de ellos cantar por las calles -con el pelo al ras y un sólo mechón largo-, bailando con sus tambores y pequeños platillos de mano. Parecían siempre alegres y muy devotos… pero, la cosa es que ahora estábamos en Vrindavan, la ciudad donde nació Krishna (Dios), participando de las ceremonias, leyendo libros, recitando mantras, y sintiéndonos parte de esa energía colectiva y poderosa que a decir verdad, nos movilizaba bastante.

Conocimos a jóvenes, mujeres hindúes y no hindúes, gente de la comunidad del templo, devotos, extranjeros que jamás se fueron del Templo. Nos hablaron de Krishna con un amor que desbordaba de sus ojos y su cuerpo, de la simpleza en su día a día, alejados de la vida material, de la felicidad en la vida que llevan, en cómo iniciar nuestra vida espiritual, y sobretodo algo que nos quedó grabado: «Estar en Vrindavan es una gran bendición», y algo que suena un poco de creer o reventar, «Nosotros ya estuvimos aquí pero en otra vida, y Krishna nos ha mandado de vuelta». 

 

templo iskcon

Cuando lo escuché, confieso que una sonrisa se esbozó en mi cara. Como sea, con seguridad sabemos que esta experiencia para nosotros será dificil de olvidar.

India no es para cualquier persona, es cierto. Es una experiencia muy espiritual que no a todos les interesa, o que no todos están dispuestos a transitar, pero que vale la pena, sin dudas. Y vale más la pena cuando se piensa a la distancia. En Vrindavan, Krishna is in the air.

 

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