POR NATALIA S. CASTREGE

Tenía un problema. Recibí consejos de amigas. Nos reímos de mi problema.
Fui al psicólogo. Me di cuenta que tenía varios problemas.
Hice reiki. Me puse de novia con el maestro. Los problemas se multiplicaron. Las manos del maestro me quemaron el pecho. Tuve que ir a urgencias. Seguí mi vida con el pecho lastimado. Dejé al maestro.
Tocaron la puerta de mi casa. Los evangelistas me nombraron uno a uno mis problemas. Me metí en su iglesia. Fui ungida y empecé a predicar el Evangelio hasta que cerraron la Iglesia por malversación de fondos. No creí más en Dios. Hice un juicio para que me devuelvan los diezmos. Lo perdí.
Me hice los registros akáshicos. En otra vida fui un cóndor. Quise volar. Me estrellé contra todos. Fractura expuesta.
Me metí a estudiar economía. Me volví fría y calculadora. Abandoné la universidad. Perdí todas mis acciones. Me salieron bolsas en los ojos.
Me anoté en el gimnasio. Mis problemas se hicieron fuertes e inflexibles. Le eché la culpa a mis padres. Me mudé sola.
Me di cuenta que era carente. Adelgacé 12 kilos. Lloré durante un mes la muerte de mi perro. Me creí el centro del universo.
Me ascendieron en el trabajo. Estaba 14 horas por día en la oficina. Tuve sexo con todos. La esposa de mi jefe empezó a amenazarme. Me internaron por estrés. Me recuperé y volví al trabajo.
Empecé pilates. Me enamoré del mozo de la cafetería de al lado. Nos hicimos inseparables. Se le olvidó decirme que era umbanda. Hizo sacrificios con mi cuerpo. Terminé destrozada. Me recompuse con el amor de mis seres queridos.
Me fui de viaje a Perú sola. Los problemas me acompañaron. Me negué a las relaciones. Pasé tiempo conmigo. Me hice tirar las cartas y me dijo que el éxito vendría con los cambios. Empecé a ver la vida con otros ojos. Me compré un gato.
Comencé a vender productos Avon y me convertí en embajadora. Dije tantas veces «yo puedo» que renuncié a mi trabajo.
Gané un viaje a India por la cantidad de ventas. El primer día de meditación terminé con las rodillas inflamadas.  Extendí mi viaje y me interné en un ashram. Tuve visiones del mundo. Volví a mi casa y el mundo me parecía una mierda. Me sentí insignificante. Me deprimí.
Hice un curso de milagros pero no ocurrió ninguno. Enterré mi ego una temporada. Renació en la siguiente.
Me hice voluntaria de Unicef. Viajé a África. Me contagié ébola. Me curé con tratamiento.
Me quedé a vivir en Alemania. Me llevó 4 años aprender alemán.
Me pregunté si había tomado la decisión correcta. Extrañé horrores a mis padres. Nunca los llamé.
Me hice adicta a los hongos. Le puse nombre a mi ego. Me creí especial. Vi el mundo distorsionado. Me metí al mar como Alfonsina. Me sacaron y me internaron. Estuve a punto de morir.
Cuando desperté él estaba conmigo. Lo había rechazado más de mil veces porque no era mi tipo. Me cuidó sin pedir nada a cambio. Tuve que explicarle lo que hacían los umbanda porque no tenía idea. Nos mudamos a Bruselas. Me olvidé mi ego en Alemania.
Me compré plantitas y empecé a cuidarlas. Dejé de echarle la culpa a todos. Empecé a correr para calmar mi ansiedad. Pedí ayuda. Me di cuenta de que mi vida tenía un sentido. Me sentí libre. Él me empezó a hablar de hijos. Me asusté y me fui de viaje sola. En el viaje me llamó mamá para decirme que papá nos había dejado. Viajé a acompañarla. Él vino conmigo. Los problemas no.