La aventura comienza!!

Partimos desde Buenos Aires el sábado 5 de Diciembre a la tarde, dejando atrás todo lo conocido, la comodidad, la gente querida,  nuestro perro Milo (hasta que podamos llevarlo), trabajamos hasta unos días antes de partir, desalojamos los últimos bartulos de nuestra casa el mismo día del viaje e hicimos trámites odiosos.

Sabiendo que se venían 3 escalas de avión, salimos rumbo a Bogotá llenos de ganas, sueños, cámara en mano y metas por cumplir. La vida que teníamos y que también queríamos de a poquito quedaba atrás. Desafíos. Inquietudes. Saltos.
De repente lo que imaginábamos tomaba forma. Pensar, había tiempo: 2 horas en el aeropuerto, un viaje de 1hs y 30 hacia Asunción, Paraguay, 3 hs. más hasta que salga el próximo vuelo (y bueno!, conseguimos boletos baratos!)

Ya en Paraguay, tomamos otro avión con destino a Sao Paulo, Brasil. Acá nos tocó esperar unas 8 horas en el aeropuerto, realmente matador! Al ser distintos los enchufes (algo a tener en cuenta si van a Brasil), no disponíamos de nada electrónico, y la realidad es que fue un embole. Encima dormir en el aeropuerto es sumamente incómodo. Pero pasadas esas 8 horas y con lasagna (prefabricada y en reales), partimos en un nuevo avión de LAN (la mejor aerolínea hasta acá, las otras eran por TAM), hacia nuestro destino final: Bogotá.

Alrededor de 5 horas de vuelo, película, cena, ronquidos y nenes llorando, llegamos el domingo 6 de diciembre alrededor de las 19hs. a la ciudad de Bogotá. Nos recibieron con un cambio de moneda muy desfavorable (1 peso arg x 100 COP) y un taxista tan macanudo que no dudó en darnos mal el vuelto. El hecho de tener “cara de turista” nos salió 4000 COP (alrededor de u$s 1,5). No fue grave, pero sí algo molesto. En fin…

Reflexionar. Uno no se da cuenta de algunas cosas hasta que toma cierta distancia de ellas. Siempre creímos que todo es posible, la mayoría de las veces depende de uno. Pero creer que es simple, es mentirse a uno mismo. En nuestro caso nos despojamos de todo (salvo 3 valijas) para poder comenzar esta aventura, esta nueva vida, siempre confiando en lo que somos capaces de hacer y sabiendo que cuando se hacen las cosas con el corazón, no pueden salir mal, y nos sentimos VALIENTES!.

Por suerte llegamos al Hostal Casa Quevedo, en el casco histórico de la ciudad, donde realmente fuimos muy bien atendidos por su dueño Roberto, quien nos acomodó en la habitación que previamente habíamos reservado por Booking.com, y casi sin pensarlo, nos quedamos dormidos hasta el otro día. El desayuno con aroma a café colombiano calentito con huevo y pan fueron un buen augurio de que hay un hogar para nosotros en el mundo!

 

1 Comentario

  1. sil

    Me encanta la idea de este diario aventura, seguiré disfrutando de sus andanzas mientras la vayan contando…pinto viajar a full, todo esfuerzo a la larga vale la pena. 😉

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