Desde que llegamos a la India, cada momento que vivimos se transforma en una pequeña lección espiritual. Experiencias que van sucediendo en velocidad, y con una intensidad y un contraste, que por momentos logran superarme. Las voy registrando, intento transitarlas como cotidianas, trato de prepararme para bailar el ritmo de las calles y de su gente, pero los primeros días me siento muy extraña en relación a toda esta nueva realidad, y me cuesta adaptarme.

(Estos instantes ahora se entremezclan en mis recuerdos como fotografías en series, contiguas e interminables).

Durante un mes nos tomamos el tiempo para investigar y conocer de cerca diferentes religiones; participamos de ceremonias, charlas y lecturas; conocimos templos, lugares sagrados como el Taj Mahal, El Templo Dorado, entre otros; convivimos con hinduistas, sijs, hare krishnas, musulmanes, y budistas.

Era octubre y estábamos en Amritsar, decidiendo para dónde seguir. Buscando posibles lugares, nos enteramos que el Dalai Lama daría 4 días de enseñanzas del budismo en el norte de la India, en un lugar llamado Dharamsala. Más precisamente en la zona de Mc Leod Ganj. Sin pensarlo demasiado, viajamos hasta ahí.

El pequeño Tibet

Dharamsala, que significa refugio de los peregrinos espirituales, es el hogar del Dalai Lama y también de muchos tibetanos. Cuando en 1960 las tropas chinas ocuparon la totalidad del Tibet, el actual Dalai Lama, al no recibir ningún tipo de ayuda, tuvo que abandonar su territorio. El primer ministro Indio le autorizó establecer un gobierno tibetano en el exilio en Dharamsala. Es por eso que se la llama, «little Tibet» o pequeña Tibet.

Es un lugar tranquilo y está bien preparado para recibir turistas: buenos guest houses, comidas típicas, una pastelería bastante tentadora, templos, ferias de artesanías, budistas en cada rincón, monos, rickshaws (mototaxis), y lugareños muy amables.
La montaña se impone desde cualquier ángulo, y en las callecitas – son realmente angostas- las risas y los sonidos componen nuevas melodías. Se siente en el aire un espíritu festivo y alegre.

Dalai Lama, lider espiritual del budismo


El Dalai Lama actual, Tenzin Gyatso, es el jefe espiritual del budismo tibetano, un hombre bajito y menudito, como de unos 80 años. Es una persona muy alegre y divertida y saluda a todos con una gran sonrisa.
A pesar de que camina lento y pausado, con una persona que lo acompaña y ayuda, parece tener bastante liviandad en su cuerpecito. No parece ser una persona que sufre su edad o que luzca enfermo, al contrario, tiene un semblante de juventud.
La gente se reverencia, le regalan su respeto y su amor, lo consideran su líder espiritual.

Y sin dudas, lo es.

Una persona que ha dedicado su vida al estudio, al conocimiento de la vida y la existencia, que imparte sus enseñanzas en todo el mundo, que transmite un mensaje de paz, promueve los valores humanos y la armonía religiosa, además de ayudar al pueblo tibetano . Ha escrito numerosos textos budistas, y otros sobre religión, ciencia y medio ambiente. Ha recibido numerosos honores y premios entre los que se encuentra el Premio Nobel de la Paz por su gran labor. Me emociono al verlo, y cuando miro alrededor, todos parecen sentir algo parecido.

Una mezcla de júbilo y admiración. La energía que vibra es poderosa. Sus ojos son achinados y brillantes, y tienen una chispa de niño pillo y de viejo sabio. No necesita hacer alarde de su popular presencia, se siente en el ambiente, y él la lleva con humildad. Según él, no es más que un simple monje budista.
La música me penetra en los oídos y no puedo parar de susurrarla, con un poco de verguenza aún, por sentirme nueva o poco devota, aunque tengo ganas de cantarla más fuerte. Me quedo en la mitad del impulso con mi cuerpo, pero mi corazón se entrega de a poco y me voy soltando, permitiéndome ser parte de esta ceremonia.

Como él es una persona serena y locuaz y tiene muy buen humor, logra captar la atención de todos, del principio al final de los largos pero interesantes 4 encuentros, de 4 horas cada uno. Las enseñanzas eran en idioma tibetano, pero había traducciones en varios idiomas en vivo, que podías sintonizar con una radio.

El primer día escuchamos las charlas en inglés, ya que no sabíamos aún que había una traductora del tibetano al español, ni un montón de gente de habla hispana. Nos quedamos en un rinconcito y prestamos mucha atención.

En este primer encuentro Su Santidad hizo un resumen de los puntos claves y los conceptos a los cuales haría referencia y los 3 días siguientes hizo hincapié en «Las 400 estrofas» de Aryadeva, uno de los discípulos del maestro Nagarjuna.

Budismo, filosofía de la lógica

El budismo tibetano es una filosofía que busca el razonamiento a través de la lógica. Un ejemplo de ello es que hay 300 volúmenes en tibetano y casi 20.000 libros de maestros explicando esos volúmenes.
El budismo se trata de la sabiduría de las cosas.
Una de las diferencias entre el budismo y otras religiones, en relación a las emociones negativas, es que en otras religiones, a esas emociones se las ve como faltas, que a través del rezo o la recitación de los mantras se pueden eliminar. En cambio el budismo dice que aunque reces y reces no lograrías eliminarlas.

La palabra ignorancia fue una de las primeras palabras claves que escuché: «La ignorancia es la principal causa de todas nuestras emociones negativas (…) Con la ayuda de la concentración podrías conseguir la sabiduría del entendimiento y así combatir esta ignorancia. Y para ello necesitamos practicar distintas maneras de meditación, y además entender la reflexión, la cual conseguirás a través del estudio y de escuchar las enseñanzas».

El budismo rechaza lo que no puede explicar, lo que va en contra de la razón y también la fe ciega. El mismo Buda ha enseñado a sus aprendices que, ni por devoción, deberían aceptar algo ciegamente, sin antes analizarlo y experimentarlo a través de su lógica. Es un proceso similar a las investigaciones de los científicos.

El Dalai Lama ha vivido muchas experiencias en su vida, y a lo largo de los encuentros cuenta muchas anécdotas, con políticos, educadores, científicos, etc. La siguiente anécdota habla del espíritu de la filosofía, que es estudiar y comprender, para poder sobreponerse al sufrimiento:
«Había una vez un Lama, que ya estaba muy viejo, y lo llamaron de un monasterio para que diera unas enseñanzas, pero él estaba tan viejo que les dijo que no podría ir. Los que lo habían citado le pidieron por favor que vaya, que aunque no pueda darles la enseñanza, al menos les diera una bendición. Razón por la cual el Lama fue y les dio una extensa enseñanza (la introducción al budismo), y les dijo: no soy esa clase de Lama que impone las manos y dice «basta de sufrir» y detiene los sufrimientos de los discípulos. Eso es sólo una palmada en la cabeza. Yo les ofrezco una introducción y explicación sobre el budismo, para que de esa manera, si continúan su aprendizaje a través de los años, gradualmente puedan solucionar sus problemas».

Buda enseñó que todas nuestras infelicidades son creadas en nuestra mente y encontró una manera de sobreponerse a esa mente perturbada. Habló de las 4 nobles verdades, de cómo vamos y venimos en este ciclo de existencia y cómo podemos hacer para salir de este samsara (ciclos de nacimientos y muertes).

«Todo es vacío por naturaleza». Aparece la palabra emptyness (vacuidad) como una lanza que se clava en mi mente. Es que ellos dicen que todos los fenómenos son vacíos por naturaleza. Si ves cualquier existencia y la descomponés en partículas no vas a terminar viendo nada. Como dicen los científicos de la física cuántica. Y los budistas agregan: «mientras haya una percepción de esa existencia, eso existe, y si no se percibe, no existe».

Sigo escuchando toda esa información, intentando grabarla con fuego en mi cabeza.
El Dalai Lama nos interroga con una simple pregunta: «Nadie quiere sufrir, verdad?» Pienso en un No rotundo con tono de obviedad. Y él continúa: «Entonces, si somos conscientes de ese sufrimiento, porque aparece por pensamientos y condiciones, tenemos que buscar y observar sus causas (…) Por ejemplo, cuando nos enojamos, esto me lo dijo un científico, percibimos negativamente a la persona con la cual estamos enojados, y el 90% de esa negatividad que percibimos es nuestra proyección mental.Y esto es prácticamente lo que dijo el maestro Nagarjuna, y además dijo que el apego, el odio, los afectos y la ignorancia, aumentan por nuestras concepciones. Por eso cuando en verdad vemos algo agradable, solemos exagerar ese atractivo, y así generamos ese apego. Y también cuando vemos algo feo, hacemos lo mismo, con nuestro pensamiento inapropiado, y nuestro enojo aumenta(…)No es suficiente con decir que el apego y el odio están mal, sino que necesitamos ver cómo es que realmente exageramos algo que es hermoso a través del pensamiento inapropiado y también cómo exageramos los sentimientos hacia una persona con la que nos enojamos diciendo: esta es una mala persona; lo exageramos y terminamos odiando. Y así es cómo generamos las emociones con nuestra mente(…)».

Sigo sin casi moverme de la silla, y apoyo mis pies en otra silla. Si bien el Dalai Lama no está lejos nuestro, lo vemos por una pantalla de televisor que hay adelante.
(Pienso en la comodidad de esa forma de sentarse con las piernas en posición de meditación. Yo no puedo lograrlo aún, me falta flexibilidad o práctica).
Me desconcentro un poco y vuelvo al ruedo. Escucho la palabra compasión, que es una palabra que la he escuchado en ámbitos religiosos sobretodo. Me parece que es una palabra enorme, y que a la vez, desconozco todas las acciones positivas que proclama.

La consciencia del sufrimiento humano

«Sabemos que la existencia es ilimitada, si sólo vemos en nuestra galaxia, hay un número infinito de estrellas y otros objetos, por lo que no podemos ofrecer una ayuda directa a todos los seres vivos del universo, pero en la tierra tenemos maneras de ayudar a otros. A los animales por ejemplo, cuando ellos sufren hay mucho que podemos hacer para ayudarlos, verdad? Podemos sentir compasión. Porque cuando hablamos de superar el sufrimiento, en verdad tenemos que entender cómo es que tenemos que transformar nuestra mente. Estos animales, sean de agua, tierra o aire, no tienen el mismo cerebro que nosotros los seres humanos, por eso tenemos la oportunidad de servir, de ayudar, y toda la gente en la tierra la tiene, directa o indirectamente. Con esto no estoy diciendo que todos deberían ser budistas o practicantes religiosos.
Tenemos este gran cerebro con el que podemos pensar, y podemos pensar sobre el sufrimiento, y sabemos que hay 2 maneras de sentirlo, mental o físicamente (sensorialmente). Hay mucho sufrimiento, fruto de nuestra propia proyección. Entonces, para ser felices debemos enfocarnos en nuestra mente principalmente y debemos entender que existe la posibilidad de transformación en nuestra mente, superar los efectos negativos y ser felices. Realmente tenemos la posibilidad de hacerlo, y no es necesario hacerse budista, ni practicante religioso. Instintivamente queremos ser felices y no sufrir.
Así es como existen las cosas materiales, para mejorar nuestras experiencias sensoriales(…)Acaso podemos decir que si eres más rico eres feliz? No, verdad? Pero la mayoría de la gente se pierde intentando encontrar la felicidad en estas experiencias sensoriales. Por eso debemos aprender cuáles son las causas que molestan nuestra mente».

Y continúa: «Si vemos el hoy, aquí estamos en paz, sin muchos problemas en la cabeza, pero al mismo tiempo, en otra parte del mundo, como en Siria, en este mismo momento, hay gente que está siendo asesinada y bombardeada, y hay niños muriendo. Estos son problemas del ser humano, nuestra propia creación, y deben ser resueltos por humanos. No podemos pedirle a Buda que resuelva estos problemas. Suelo decirle a la gente que si tuviésemos la oportunidad de tener la visión de Buda, o para los cristianos de Cristo, o para los musulmanes de Mohamed, etc, si la gente tuviera la oportunidad de encontrarlos y pedirles que traigan paz, ellos nos preguntarían, pero quién ha alterado la paz en el mundo? Si la hubieran alterado los dioses, entonces sí, podemos pedirles a ellos que resuelvan el problema, pero como la alteración fue producida por nosotros, no podemos simplemente resolverlo rezándole a dios o a Buda o a alguien».

Empiezo a tener una línea paralela de pensamientos, en donde pienso si alguna vez recibí tantas respuestas concretas o caminos posibles a muchas preguntas que me hice. No tengo nada que reclamarle a la religión cristiana que tantos valores me ha inculcado en mi crecimiento, pero creo que todas las religiones tienen que aprender de las otras, si al fin y al cabo, todas tienen un mensaje de paz y amor a la humanidad.

Vuelvo a concentrarme y escucho otro de esos conceptos que me llaman la atención: karma.

Y el Dalai Lama comienza con una pregunta (que todo ser humano se hace): «Cómo hago para tener una actitud positiva con aquellas personas con las que no tenemos buena relación?. En los 400 versos está explicado que no te ayudará el tener pensamientos negativos en tu enemigo, sólo te dañarías a tí mismo. Si hieres a tu enemigo, crearías un gran karma para tí. También si lo derrotaras, tendrías mal karma. Si lo maldices o le dices malas cosas a tu enemigo, también te dañarías a tí mismo. De todas maneras, sea lo que sea que hagas, te dañarías a tí mismo.
Si realmente quisieras herir o hacerle algo malo a tu enemigo, no deberías mostrar ningún signo de odio. Es inútil volverse loco o mostrar odio, hacer algo estúpido o tonto, es inútil perder el control por furia o enojo, y accionar sólo tendrá consecuencias negativas; si en cambio practicaras la compasión, el amor, la paciencia y la tolerancia, todo eso se transformará en un beneficio para tí».

Es una buena reflexión para terminar.
No importa de qué religión seas, ni tampoco que no tengas religión, tal vez tengas tu propia religión, no importa a qué te dediques, cuáles sean tus aspiraciones, circunstancias, tu realidad. Tenés la posibilidad de hacer algo por vos y… por todos.
Merece la pena que leas estos escritos.

Los encontrás aquí: http://pintoviajar.com/pinto-dalai-lama-octubre-2016/

Buena semana! Nati

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